Hay cosas incomprensibles. Entiendo que cuando estás a gusto en un equipo y en una ciudad concreta y te traspasan puedas estar molesto. Pero también entiendo que como profesional debes aceptarlo y jugar donde te mandan, porque la NBA es así, aunque si te traspasan a Charlotte es normal que te enfades. Pero no es el caso. Imagínense que Kendrick Perkins al ser traspasado a los Thunder hace un año se negase a jugar porque estaba muy contento en Boston. O Pau Gasol al ir a los Lakers. No tendría sentido.
Por eso Lamar Odom, que me parece un gran jugador, me ha demostrado que es un caprichoso, un creido y su falta profesionalidad. Es un jugador de baloncesto, no un famoso de Hollywood. Su fichaje por Dallas era ilusionante. El campeón reforzado con todo un bicampeón de la NBA que daría minutos de calidad y descanso al MVP de las Finales Dirk Nowitzki. Pero no le ha dado la gana. Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿Por qué no ha querido? ¿Por qué se ha negado a jugar con intensidad para Rick Carlise? ¿Por qué ha dado la espalda a un hombre que le ha dado toda su confianza como es Mark Cuban? ¿Por qué esa desgana al jugar?
No lo entiendo. De verdad que no lo entiendo. Pero es la realidad y hay que aceptarla. Los últimos rumores le sitúan en Golden State Warriors porque está cerca de Los Ángeles. Seguro que antes de que algún equipo intente ficharle tendrá en cuenta su actitud en su escasa y paupérrima etapa en los Mavs. Creo que se le ha pegado demasiadas cosas de su querida Khloé Kardashian.

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